¿Miedo a volar? ¿Yo? Para nada

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Tal y como le pasaba a Meg Ryan en French Kiss, siempre pensé que cuando cruzara el Atlántico por primera vez necesitaría tomarme algún tipo de tranquilizante para no ir atacada de los nervios. No sé si os pasará a muchos de vosotros, pero a mí, más o menos desde siempre, me ha dado un poco de yuyu el avión. Por eso, el hecho de verme volando durante al menos seis horas sin que hubiera nada debajo, más que millones y millones de litros de agua, era algo que me provocaba una ansiedad horrible… Que sí, que dicen que el avión es el medio más seguro que hay, y todo lo que queráis, pero eso en mi cabecita no acababa de entrar.

Por ello, y hakeep-calm-and-face-your-fears-8rta de pasarlo tan mal cada vez que cogía un avión, (así como de “necesitar” viajar con alguien que pudiera calmar mis nervios, dado que yo no era capaz), decidí que ya era hora de tomar cartas en el asunto, y lanzarme de una vez por todas. Además, todo eso unido a que era el momento adecuado, pues en esa época estaba en paro, y no tenía nada mejor que hacer en España, me llevaron a tomar una decisión que, sin duda, marcó un antes y un después en mi vida: irme a vivir unos meses a Boston, y acabar con x barreras y cadenas autoimpuestas que no hacían más que condicionarme de forma absurda. Una de ellas, mi miedo a volar.

Y como yo soy así, indecisa per se, pero de ideas fijas cuando algo se me mete en la cabeza, en cosa de dos semanas hice todos los preparativos para mi viaje: hablé con una amiga de mi tía que vive allí para quedarme en su casa, y trabajar como baby sitter cuidando de sus niños (de 13 y 15 años), compré el billete de avión (el último directo Madrid – Boston hasta casi primavera), me saqué la ESTA (Electronic System for Travel Authorization), y lo más importante de todo, tratar de ver cómo podía meter la mitad de mi armario en una maleta… Algo que podría considerarse casi como “misión imposible”.

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A medida que el día se acercaba, estaba como loca. ¿Sabéis esa sensación de nervios bipolares que por un lado te dan subidón, pero por otro piensas, con lo bien que estoy en mi casa para qué me voy a ningún sitio? Bueno, pues así estaba yo hasta que llegó el día en que tenía que coger el avión. Cargada con mi maletón, y con la sensación de que iba a hacer lo más atrevido que había hecho en toda mi vida, aparecí en el aeropuerto de Madrid – Barajas. Puede que os resulte absurdo, pero lo cierto es que me sentía casi como Armstrong cuando bajaba del Apollo 11 e iba a pisar la Luna. Claro que el mío no iba a ser un gran paso para la humanidad, pero sí uno muy grande para mí. De este modo, y con la adrenalina por las nubes, me acerqué al mostrador correspondiente para facturar. No os podéis imaginar lo contenta que me puse cuando me dijeron que ¡no tenía que pagar de más! Increíble que no me hubiera pasado de peso, dado que en mi caso últimamente es algo muy habitual… Lo sé, ¡tengo un problema con la ropaaaa! 

Tres horas, un viajsheldon-cooper-320x210ecito a la terminal satélite y unas cuantas vueltas por ahí después, me dispuse a subir al avión. Nota importante: si os aburrís esperando en la cola para entrar, no miréis debajo del avión (sobre todo si os da cierto respeto volar y no entendéis ni papa de estos aparatos) no sea que os pase lo que a mí me pasó. Ya que, de ser así os veréis casi perfectamente protagonizando un capítulo de cualquier sitcom americana como The Big Bang Theory convertidos en el mismísimo Sheldon. Y es que lo primero que hice nada más subir fue decirle a la azafata que había visto que algo goteaba por la parte de abajo del avión, y que, dado que no íbamos a poder parar en las ocho horas que duraba el vuelo a Boston, que por favor se encargaran de mirarlo. Sí, sí, lo que leéis… Como una cabra, ¿no? ¿Os imagináis mis nervios, y sobre todo la cara de la azafata, como si estuviera hablando con alguien a quien le faltara un tornillo? Qué vergüenza… El caso es que la gracia no quedó ahí, ya que además de que ella me insistía en que qué era lo que goteaba, y yo le repetía que qué sabía pues no tenía ni idea de ingeniería, aún tuvimos que esperar como unos 45 minutos antes de despegar (lo que más me inquieta siempre de volar), porque había problemas técnicos. ¿Hola? ¿Problemas técnicos y pretendían cruzar el Atlántico? Vamos que ya casi me faltaba:

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  a) Sacarme la típica bolsa marrón de las pelis y ponerme a respirar cual loca que nadie desearía llevar a su lado en un vuelo transoceánico. Cosa que descarté clara y rápidamente.

b) Bajarme del dichoso avión de una santa vez. Cosa que, para seros sincera, me planteé en más de una ocasión, y que quizás habría hecho de no ser porque una amiga vía whatsapp me paró, además de por vergüenza torera a perder todo el dinero del billete, claro.

Por suerte, la avería o lo que leches fuera que le pasaba al avión se arregló, y yo, con los ojos cerrados y respirando hondo (cual mujer embarazada en clase de preparto) conseguí tranquilizarme ante el inconfundible rugir de los motores que indica que ya queda muy poco para echar a volar. Entre eso y que me encomendé a todo lo encomendable, pensando que pasara lo que tuviera que pasar, es como empezó ese trepidante viaje a los “States” que nunca olvidaré. Como veis el avión llegó perfectamente, y a mí no solo no me dio un ataque de nervios, sino que me di cuenta de que si podía cruzar el océano sola sin que me diera un patatús, podía con todo lo que me propusiera. Un viaje inolvidable que marcó un antes y un después, además de una experiencia bostoniana que os contaré en la próxima entrada 😉 

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8 comentarios en “¿Miedo a volar? ¿Yo? Para nada

  1. XD me parto!! Puedo imaginármelo totalmente.
    – Señorita, señorita, que he visto que el avión pierde aceite por detrás…¿Está segura de que no caeremos envueltos en llamas, en medio del océano atlántico? […] – ¿Pesimista yo? No tengo ni idea de a qué se refiere…

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  2. A mi me has dejado con la intriga de cómo ejercer de babysitter con chavales de 13 y 15 años. Sólo de pensarlo me recorren sudores fríos… 😛
    Por lo demás ¡genial entrada! yo soy de las que me quedo sopa en los vuelos pero por si acaso ahora sé que no debo mirar por la ventanilla y hacia abajo jajaja. Un abrazo 😉

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  3. Jajaja… no es que me imagine la situación, es que soy capa de ver tu cara!! Pero adivinas la que me hubiera gustado ver? La de tus compañeros de asiento!! Jajaja… contigo una nunca se aburre… 😂

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