Descubriendo un nuevo mundo: Boston, allá voy

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Como lo prometido es deuda, hoy os voy a contar cómo fue mi estancia en Boston. Aunque para ser más concreta, y por si no habéis leído mi anterior post, aclararé que no fue una escapadita de unos días, sino más bien una desaparición temporal, ya que estuve por allí unos dos meses. Era la primera vez que estaba en Estados Unidos, y nada más poner pie en tierra, lo primero que hice fue alucinar en colores por haber logrado llegar hasta allí yo sola. Lo segundo, mosquear a un policía que estaba en la sala de recogida de los equipajes, y eso que no hice nada. No obstante, el hombre se puso hecho un basilisco en cuanto vio que sacaba el móvil y lo encendía. Nota importante: no se os ocurra hacer esto en EE.UU. hasta que hayáis pasado la aduana al menos, pues no estoy segura al 100% si está prohibido, pero desde luego evitadlo, si no os apetece meteros en problemas, y que os miren con cara de malas pulgas.

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Nada más salir del aeropuerto, lo primero que vi de Boston fue su maravilloso skyline nocturno, además de la zona en la que iba a vivir, claro, en las afueras de Boston, más concretamente en West Newton. Formado por calles con casitas bajas y mucho verde, mi barrio era una preciosidad. Para que os hagáis una idea, era del estilo de Wisteria Lane de Mujeres desesperadas. Todo lleno de viviendas unifamiliares con su jardincito, sus luces y esas maravillosas vallas que, si existen, son bajitas, y si no, brillan por su ausencia. Lo cual puede quedar ideal y todo lo que queráis. Pero, ¡ah, amigo! cuando te tienes que quedar ahí tú solita cuidando de dos niños/adolescentes mientras su madre está de viaje de trabajo a unos 5.000 km., piensas que, aunque fuera menos estético, preferirías que hubiera una señora verja en condiciones rodeando la casa.

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Dicen que Boston es de las ciudades más seguras que hay en EE.UU., si no la que más, pero, cuando te ves allí, en una pedazo de casa tipo chalet con tres puertas preciosas de madera y cristal, un pestillito insignificante y nada alrededor de la misma, piensas ¡qué tranquilidad! Solo falta un cartelito en el buzón que ponga: “por favor, asesinos de la zona, pasen y vean”. ¿Exageradita, yo? Qué va… Sin embargo, siempre es algo que he pensado al ver una peli de terror americana… Con lo bien que se está con puertas decentes, de esas blindadas, y seguros en todos los sitios… Pero es que es, sin duda,  otro mundo.

Mis luP1010903gares preferidos

Neuras al margen, los primeros días los dediqué a explorar Boston en todo su esplendor, recorriéndome buenos trechos andando. Dado que el Commuter Rail (parecido a nuestra Renfe) llegaba a South Station, la primera zona que conocí fue la de Downtown, que viene a ser el centro. Y así es como descubrí uno de mis cuatro sitios favoritos: el Boston Common (como El Retiro o el Central Park de allí), que está repleto de ardillas allá donde mires. Es mucho más pequeño que cualquiera de los dos parques nombrados, pero no por ello deja de ser digno de mencionar. En otoño-invierno ponen una pista de patinaje sobre hielo más o menos en el centro del mismo, lo que unido a las tonalidades otoñales características de las hojas en esa época del año, hacen que resulte encantador.

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Mi segundo lugar favorito es Beacon Hill, un barrio situado cerca del Boston Common, cuyas calles y casas me parecieron preciosas. Casi un lugar idílico para vivir. Eso sí, olvidaos de ello a menos que estéis dispuestos a pagar un auténtico dineral. ¿Cansados de tanto paseíto? Nada mejor que reponer fuerzas en el famoso bar de Cheers, la sitcom estadounidense de la BBC protagonizada por Ted Danson, Woody Harrelson y Shelley Long, entre otros, que se encuentra muy cerquita de allí.

Un poco máP1010827s lejos está mi tercer lugar preferido, la Universidad de Harvard, que se encuentra en Cambridge. Lleno de estudiantes casi en cualquier momento del día, así como de turistas, este es uno de los must a tener en cuenta si uno va a la capital del estado de Massachusetts. Además del ambiente universitario que allí se respira, y las tiendas y cafés que ponen la guinda a esta zona, es de obligada visita La Estatua de las Tres Mentiras. ¿Sabéis cuál es? ¿A que si aclaro que es más conocida como la Estatua de Harvard, ya sabéis a cuál me refiero? El caso es que se la llama así porque:

1. La universidad no se fundó en 1638, tal y como pone en la inscripción, sino dos años antes, en 1936.

2. Quien está representado en ella no es John Harvard, sino un estudiante llamado Sherman Hoar que sirvió de modelo, pues no existía imagen de aquel.

3. Harvard no fue el fundador, sino el primer benefactor, que además cambió el nombre de la misma al que hoy día conocemos.

Asimismo, llegados hasta aquí es tradición, o al menos eso dicen, tocar el pie izquierdo de la estatua, ya que da suerte. No penséis que me olvido de mi cuarto sitio. Os lo diré más adelante.

Perdida en una estación

Si veis un mapa, comprobaréis que lo que anduve fue una caminata más digna de una bueTREN (2)na maratón que otra cosa. Aunque para seros del todo sincera, me serví casi al final de la ayuda de un autobús para llegar a Harvard Square, así como del metro para volver a Downtown. Como podréis imaginar, ese día estaba más que cansada, por lo que, para ponerlo más interesante, de vuelta a casa me pasó algo digno de La Ley de Murphy. Era el primer fin de semana que me quedaba sola con los niños, y como aún estaba haciéndome con la zona, y no siempre avisaban del nombre de las estaciones, de vuelta a casa ¡me pasé tres paradas! Puede que penséis que menuda chorrada, que podría haber vuelto andando o vete tú a saber. Pero ¡naranjas de la China!

Allí las distancias son mucho mayores, y por muy bueno que sea mi sentido de la orientación, allí estaba más perdida que una gamba en un garaje. Además, no podía llamar a nadie, porque me estrenaba como babyteenagersitter ese finde y la madre de mis “niños” estaba en Chicago. ¿Os imagináis mi ataque de nervios? Creo que sí… Por suerte, me sentí iluminada cuando una mujer japonesa se percató en esa misma parada de que ella también se había pasado, por lo que ahí nos quedamos las dos de cháchara en lo que era “la estación” (véase, cuatro maderas y un banco en mitad del bosque) duraIMG_8409nte la hora y 45 minutos que tardaba en venir el siguiente tren. -Aún a día de hoy sigo dando gracias porque esa mujer estuviera allí también, porque si no ya me imaginaba protagonizando un capítulo de The Walking Dead…- Dos horas y media después, y un susto en el cuerpo ya pasado, llegué a casa por fin con algo muy claro en mente: desde entonces, todos los días que cogiera el tren le diría al revisor que por favor me avisara cuando estuviéramos llegando a mi parada. ¡Pasaba de que me ocurriera otra vez!

La familia con la que estuve, así como sus amigos y conocidos fueron muy agradables conmigo, pero lo que sin duda me motivó y marcó la diferencia fue el apuntarme a una escuela de inglés. Y es que, al margen de que me fuera muy útil para mejorar mi nivel, me puso en bandeja lo que yo quería: conocer a gente de distintas partes del mundo, sus diferentes culturas, practicar el idioma, y, por supuesto, hacerme un grupito de amigos para entrar, salir y hacer excursiones varias.

Otros ‘must’ de Boston

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Además de los sitios que ya os he contado, no podría obviar Newbury Street, una calle muy bonita de casitas bajas llena de tiendas y restaurantes, muy cerca de uno de los malls o centros comerciales más famosos de allí, el de Prudential Tower. Torre en la cual se encuentra un restaurante prohibitivo, pero muy típico, en una de las plantas más altas, desde el que se puede ver toda la ciudad. He ahí la gracia del sitio. Además de otras zonas curiosas que visitar como Chinatown o Little Italy, me fascinó Quincy Market.

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Mi cuarto lugar favorito. Un antiguo mercado que se encuentra lleno de numerosos puestos de comida rápida de todo tipo, con una zona de mesas en el centro para comer, (altamente recomendable para los indecisos como yo), y algunos restaurantes y tiendas muy conocidos a su alrededor, como otro Cheers o Wagamama (en cuanto a los primeros) y VIMG_8156ictoria’s Secret, Urban Outfitters o Abercrombie (en cuanto a los segundos). Un lugar que merece la pena ver si vais a Boston, pues estoy segura de que su atmósfera os encantará.

Si vais en invierno, y por entonces no tenéis suficiente frío, y os apetece estar a unos cuantos grados bajo cero, al ladito se encuentra el Ice Bar. Un bar de hielo en el que hay que pagar para entrar, quedarse con el abrigo, y ponerse además una capa y unos guantes para evitar congelaciones varias. Tiempo limitado, que no recuerdo si llega a la media hora, porque nadie aguanta más, a excepción de los esquimales…

Y a las afueras…

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Además de Boston ciudad y alrededores, mis amigos y yo nos hicimos una escapadita bastante relámpago a la Ciudad de las Brujas, Salem. Asimismo, como somos tan sencillosy originales, pensamos que qué mejor idea que pasar Halloween en un sitio como aquel. Por lo que nos cogimos un autobús en el que envejecimos de lo que tardó (coged el tren mejor, pues es poco más de media hora), y nos plantamos allí para dar una vuelta por sus calles repletas de gente disfrazada de todo tipo, hacernos una foto con la estatua de Elizabeth Montgomery en la serie Hechizada, y visitar el Museo de las Brujas.

LIMG_6242a verdad es que cuando uno viaja, siempre queda en el tintero algún que otro lugar que visitar o algún rincón con encanto por descubrir. Así pues, suele pasar que una vez en el avión de vuelta, o si no al llegar a casa, uno cae en la cuenta de que le ha quedado algún sitio por ver. Pero bueno, como se suele decir, para la próxima vez.

Dos meses, numerosas experiencias y aventuras vividas, y algunos kilos de menos después, llegó la hora de volver a casa, ¡y no quería! Sentía que aún me quedaba mucho por hacer allí, pero las navidades y la familia en España eran una razón más que válida para volver. Superados los cuatro viajes de mi “mami americana”, medio aclimatada al frío del carajo de allí y con promesa de volver a Boston, eso sí, ya en verano, regresé a casa. Probablemente de todos los viajes que he hecho, este es el que marcó un antes y un después, ya que al hacerlo, muchos de mis miedos e inseguridades desaparecieron. Algunas de las personas que me conocen coinciden en que cuando me fui a Boston una parte de mí se quedó allí, dando paso a un nuevo yo, más seguro, maduro y algo distinto. ¿Mi versión 2.0? Quien sabe… 

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¡Ah! ¿Os acordáis de lo que os dije de mi maleta en la entrada anterior? Pues lo dicho. Puede que yo perdiera peso allí, pero mi maleta lo ganó y a base de bien. Y eso que no fue solo ella, ya que me tuve que comprar una de mano, que llevé hasta los topes, y pedir que me mandaran una caja repleta a Madrid. ¿Exagerada? ¿A que no? 😛

 

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4 comentarios en “Descubriendo un nuevo mundo: Boston, allá voy

  1. Enhorabuena por el post Laura, es un relato muy completo y me han entrado ganas de ir a Boston jeje así que digo yo que por algo será. Destaco tu soltura y desparpajo en la redacción, la lectura se hace amena y divertida, ¡y eso es fundamental!. Bien elegidas las imágenes y preciosa la portada de tu blog. A seguir así, mucho ánimo

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