Bonjour, París! Un recorrido por la Ciudad del Amor

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La primera vez que estuve en la Ciudad del Amor, no fue con mi novio, ni tampoco fui para enamorarme. Y es que cuando una tiene ocho años, básicamente piensa en otras cosas como las Barbies, los PollyPockets y demás cositas con las que jugaba en mi más tierna infancia. Por eso, cuando fui allí por primera vez, la vi con unos ojos muy distintos a los de la segunda. Habíamos ido a Disneyland cinco días y, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, decidimos escaparnos un día a París, La France porque tenía ganas de conocerla. Como podréis imaginar, mis recuerdos sobre ese viaje son vagos no, lo siguiente. Es más, para que os hagáis una idea, en cuanto a recuerdos, la Torre Eiffel estaba en mi cabeza cual acuarela a la que le echan encima un vaso de agua, es decir, bastante borrosa y diluida… y eso que era el recuerdo más claro que tenía de la ciudad.

metroPor el contrario, de mi segundo viaje (hace más de un año) me acuerdo con una claridad cristalina. En esta ocasión, la excusa del mismo era el cumpleaños de mi prima Mónica, que, para poneros en situación, es como mi hermana. -Las dos somos hijas únicas, y desde que éramos pequeñas hemos pasado muchísimo tiempo juntas con nuestros abuelos y padres. Por eso, es como si cada una fuéramos la segunda hija que nuestros respectivos progenitores nunca llegaron a tener-. Mis tíos querían regalarle ese viaje, ya que uno de sus sueños era conocer París. Así que el año en que cumplía los 18 estuvimos preparando todo para pasar allí una semanita inolvidable en verano.

Cansado de los viajes en avión, mi tío decidió que sería una buena idea ir en tren. Ocurrencia por la que no pude evitar poner esta cara  unas cuantas veces…  fear Y es que las más de ocho horas de viaje frente a las dos de avión, iban a ser casi como si viajáramos a un continente lejano en vez de al país de al lado.  Así pues, salimos una calurosa tarde de junio de la Estación de Chamartín (Madrid) rumbo a la capital francesa en un coche-cama que en algún momento llegó a parecer el Camarote de los Hermanos Marx. Además, ver a mi tío intentando tapar la rendija del aire acondicionado con unas toallas sujetas como buenamente podía para no congelarnos, dormir con un continuo traqueteo que siguió con nosotros en París al menos medio día más, y partirme viendo a mi prima tapada hasta los ojos con la capucha rollo Eminem no tiene precio XD. A la mañana siguiente, y tal y como lo hizo Ewan McGregor en Moulin Rouge, por fin llegamos a París con ganas de comernos la ciudad y deseando verlo todo, teniendo como BSO la maravillosa La vie en rose.

De museo a museo

pompidouLo primero que hicimos fue, como es lógico, ir a dejar todo al apartamentito que habíamos alquilado para esa semana. Un encantador estudio bien ubicado y a muy buen precio cerca del Pompidou, conocido por albergar una de las mejores colecciones de Arte Moderno y Contemporáneo. Y es que este centro ya es bastante peculiar en sí mismo solo por su arquitectura y sus tuberías multicolores. No obstante, no entré en él, ya que, artísticamente hablando, prefiero el Renacimiento y el Impresionismo. Por eso, estaba deseando con todas mis ganas ir al Louvre y al museo D’ Orsay. El primero porque, además de albergar otras numerosas y valiosísimas obras de arte, cuenta con dos que me han fascinado desde siempre: la Victoria de Samotracia (una de las esculturas características del período helenístico) y La Gioconda  (uno de los mayores tesoros del gran Leonardo Da Vinci).

YLouvre es que desde que supe algo de pintura, y más cuando cursé Historia del Arte, uno de mis sueños era contemplar en persona este cuadro del pintor italiano. No obstante, para ser sincera, he de decir que fue una sensación algo agridulce, al tener tan cerca uno de los referentes renacentistas y no poder observarlo con detenimiento como me hubiera gustado. Básicamente, porque por motivos de seguridad no podías acercarte a menos de dos metros, y además está protegida con un cristal, lo que permite apreciar bastante poco, por cierto… Sin embargo, al menos sí pude quedarme bien a gusto en el Museo D’ Orsay. Localizado en la antigua estación de tren que lleva su mismo nombre, acoge una de las colecciones impresionistas más importantes del mundo, entre las que se encuentran obras de mis adorados Monet y Van Gogh, del que me dejó prendada su Noche estrellada sobre el Ródano.

Los ‘must’ monumentales de París

Estatua libertad parisY de la orilla de este río al oleo a la del Sena. Y es que si os apetece navegar por él, ver algunos de los lugares más típicos de la ciudad, y moveros más o menos cómodamente por determinados puntos de la misma, no os podéis perder el Batobus: una mezcla de barco y autobús turístico (como seguro habíais deducido…). Eso sí, nota importante: echaos crema en la cara si no vais en la parte cubierta, a menos que queráis despertaros al día siguiente con un chichón en la frente, como me pasó a mí, de la quemadura que me hice. Así que ya sabéis, cremita protectora de base siempre. Advertencias al margen, con este autobús acuático llegamos, por segunda vez, a la maravillosa Torre Eiffel, ya que la primera habíamos ido en metro y caminando. Y… ¡oh, la, lá cuando la tuve frente a mí! Y es que por mucho que la hubiera visto a lo lejos y en mil carteles y fotografías, cuando uno llega allí y tiene ese monumento ante él, resulta imponente. Casi tanto como al subir a lo alto de la torre, ya que las vistas son realmente vertiginosas. Algo que sin duda os recomiendo, aunque cuando lleguéis haya una cola de una hora por delante de vosotros para poder sacar las entradas, coger los ascensores, y llegar arriba. Por ello, ya os aviso, tened paciencia, porque merece la pena.

Notre dame ladoIgualmente, vale la pena pasear por la orilla del Sena, sobre todo en determinados puntos donde en ocasiones se reúne la gente para bailar, así como para compartir una buena comida de casa o cualquier cosita que se compren en un puesto de allí. Además, relativamente cerca de la Torre Eiffel, se encuentra la réplica de la Estatua de la Libertad, que los americanos regalaron a los franceses para celebrar el centenario de la inauguración de la original en Nueva York. Regalo que, a su vez, hicieron los franceses a los estadounidenses en 1886 por sus 100 años de la Declaración de Independencia Americana. Mucho más pequeñita que la de Liberty Island, eso sí, pero al fin y al cabo, prima hermana de ella. Una recomendación: para llegar hasta allí desde la torre, os diría que no fuerais andando, a excepción de que queráis daros un buen paseo. Nosotros fuimos a la ida del tirón, pensando que estaba cerca, y acabamos cual niño pequeño cuando va de viaje en plan ¿falta mucho? Eso sí, a la vuelta, que ya sabíamos de qué iba la historia, paramos a cenar por el camino… y con eso os lo digo todo…

fuente besosOtro monumento que no os podéis perder es El Arco del Triunfo. Considerado (el arco del triunfo) más famoso, está situado en el extremo oeste de la avenida principal de París, la de los Campos Elíseos. Una zona digna de ver, que cuenta con algunas de las tiendas más exclusivas del mundo, además de preciosos edificios y jardines, que desemboca en la Plaza de la Concordia. Además, la Plaza Vendôme y la Catedral de Notre Dame son otros dos must que no os debéis perder. Cuando nosotros fuimos, teníamos ganas de verla por dentro, y aunque la cola inicial nos detuvo, luego no fue muy pesada. Lo contrario a la que hay para subir a la parte de arriba de la catedral, donde están las famosas gárgolas de El Jorobado de Notre Dame, y desde la que se observa una buena parte de París. No obstante, la cantidad de gente que había, unido a que estaba lloviendo a cántaros, hizo que ir a comer algo a una crepêrie cercana nos pareciera mucho mejor idea que quedarnos allí cantando bajo la lluvia… Y qué crêpes más riquísimas las que comimos en el Café Med, cerquita de allí, así como los croque madame y monsieur (sándwiches gratinados) de un lugar cuyo nombre no recuerdo.

crepe jamon

crepe queso

crepe salmon

Croque madame

Mis zonas parisinas preferidas

montmartreSon básicamente dos: Montmartre Marais. Dos barrios con mucho encanto y diferentes al resto (sobre todo el primero), que cuentan con algunos de los rincones más bonitos de París. ¿Habéis visto Amélie? Porque si lo habéis hecho y os apetece recorrer algunos de los sitios que salen en esta película, Montmartre es vuestro lugar.

Por ejemplo, la Basílica del Sacré Coeur, uno de los lugares más característicos de la zona, y a donde la peculiar Amélie Poulain llega, poniendo una serie de pistas para Nino, el chico en cuestión; así como el famoso “Café des 2 Moulins”, donde ella trabaja. Montmartre está considerado como el barrio bohemio, por ser el lugar en el que artistas como Van Gogh, Renoir, Picasso, Toulouse-Lautrec y Degas, entre otros, decidieron instalarse.

cafe des 2 moulinsAdemás, es famoso también por albergar burdeles y cabarets, como es el caso del conocidísimo Moulin Rouge. ¡Ay cuando vi la peli…! ¡Estaba como loca por verlo! Y es que en el filme de Baz Luhrmann el sitio era una cosa, y tenía su encanto, sobre todo por el elefante. Ahora bien, olvidaos de todo eso, porque al llegar allí y ver cómo era semejante sitio, a mi prima y a mí se nos cayó el alma a los pies. Cutre, cutre, casi cayéndose a pedazos, que no tenía nada que ver con la película. Aviso a navegantes: no vayáis a esta zona de noche, porque no es recomendable.

moulin rouge

Moulin rouge

El barrio de Marais, por su parte, es diferente a este, pero muy agradable también. Es uno de los distritos de moda de la ciudad, y es característico básicamente por dos cosas: por ser el lugar donde reside la comunidad judía, y por ser el barrio gay. Está repleto de tiendas con encanto, boutiques de moda, galerías de arte y restaurantes de diversos tipos, además de zonas verdes como la Place des Vosges, un parque en el que se reúne la gente para comer.

Marais1Marais3Marais2

Decir que París no es bonito o que no atrapa sería decir una chorrada. Sin embargo, tampoco diré la frase de Gertrude Stein que conocí por Sabrina y sus amores que decía: “América es mi país, y París es mi ciudad”, primero, porque como es obvio no soy de los States, y segundo, porque la mía es mi amado Londres.

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